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lunes, 9 de julio de 2012

El eterno rechazo


Holaa!
Hoy os traigo un relato que escribí hace tiempo y que lo use para participar en un concurso de relatos de un blog (¡quedé segunda!). Es un texto que para mí tiene mucho valor porque transmite unos pensamientos importantes. Por eso quiero que también esté aquí, colgado junto a mis otros relatos.

Y ya no me alargo más, espero que os guste!



El eterno rechazo.

"Tormento que destruye poco a poco hasta el último retablo de tu ser". No todos los enfermos son iguales. Al contrario, los afectados pueden ser muy diferentes, aunque su situación sea tan peligrosamente parecida. Pero es un error pensar que no existe un patrón: Todos tienen algo en común, un detalle, una característica en su forma de pensar, de ser o de actuar. No se sabe muy bien qué es ese terrible componente, puesto que puede ser algo distinto en cada caso.

Grandes cicatrices, quemaduras imborrables, pérdida de pelo, amputación de una o varias extremidades… efectivamente las personas que padecen esos defectos físicos suelen ser rechazadas. Pero contrariamente a lo que se pueda pensar, esos son solo el besante más  evidente y conocido de la enfermedad, pero no es el único, ni siempre son esos casos los más graves. Las personas que padecen esos horribles males tienen un motivo, algo apreciable a lo que pueden culpar de su sufrimiento. El rechazo no es más que un elemento secundario en su verdadero problema, y aunque lo que tienen es duro y no siempre curable, los demás experimentan un grado de comprensión y de pena hacia ellos, que les da la oportunidad como mínimo de poder ser valorados y compadecidos, aunque solo sea para que los que están a su alrededor puedan mantener la consciencia tranquila.

Pero existen algunos casos que son incluso peores: Hay personas cuyo rechazo se produce solamente a causa de algo imperceptible, una característica de lo más profundo de su ser, de su alma. La mayoría de la gente no sabe definir qué es lo que causa la repulsión hacia un afectado. No es algo que se pueda explicar, y tampoco es lo mismo en todo el mundo. Sencillamente es algo que está ahí, quizás en la manera de pensar, de hablar o de caminar. Una simple manía, una mala costumbre. Algo terriblemente peligroso por incurable, ya que ese es uno de los elementos que hace que alguien sea quien es. Eliminar ese detalle es perder la identidad, y eso es algo que mucha gente no está dispuesta a hacer, cosa que provoca una lucha moral que convierte el constante rechazo en una eterna pesadilla.

El síntoma de la enfermedad consiste en no poder encajar en ningún lugar, la soledad es la única que quiere a los afectados. El enfermo es para algunas personas un enemigo.  Para otras, es uno más entre los millones de humanos que existen, alguien invisible que no molesta, pero que tampoco tiene motivo alguno de interés. El enfermo podría desaparecer repentinamente de algún sitio, y nadie allí notaría su ausencia. 

Y luego están los que parecen amigos durante algún tiempo, aquellas pocas personas a las que el afectado les interesa momentáneamente. Esos son los que más daño causan, pues crean falsas esperanzas en los dolidos corazones de los pacientes, los cuales llegan a un estado en el que creen en cualquier ínfima posibilidad de recibir algo de cariño. Pero la enfermedad no se acaba nunca. Tarde o temprano la gente que envuelve a los enfermos cae en la desesperación delante de esa apocalíptica característica que aleja a todo aquel que se atreve a acercarse a ellos. Y es entonces cuando de nuevo empieza el deprimente proceso de aceptación de la inevitable enfermedad, el tormento que ocasiona la soledad eterna.

Evidentemente el amor no es algo apto para dichos enfermos, pues nadie se interesará en ellos hasta tal punto. Y ellos, desesperados por conseguir un poquito de estima, se enamoran de aquellas personas que por simpatía, pena o simple cortesía les dan un poquito de cariño. Pero ese tipo de personas son las que hacen que las cosas vayan aún a peor, porque en la eterna necesidad de ser queridos basta con una mirada o un simple gesto para que el afectado crea que tiene alguna posibilidad, para luego darse cuenta de que ese pensamiento no es más que un nuevo sueño del que despertará, tomando entonces consciencia una vez más de su inevitable situación y de la imposibilidad de cambiarla.

Porque es una duda constante, un conjunto de intentos frustrantes, de deseos de mejora con nunca llegan a realizarse. Porque se nace con el terrible defecto, con la enfermedad que te chupa la vida a base de desengaños. Y por más que parezca que la soledad incesante puede llegar a desaparecer, la terrible verdad es que no hay nada que se pueda hacer. Pues siempre, más tarde o más temprano, toda relación emotiva con alguien acabará finalizando, y la despreciable soledad será la única constante compañía.

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Jenny acabó de leer el folleto y se sintió incómoda. Recordó por un breve instante como había visto desde la acera de enfrente que se le caía a Sherlock del bolsillo. Había pensado en cogerlo y devolvérselo, pero cuando había llegado allí él ya se había ido, y ella se había quedado con el papel. Le había parecido que Sherlock iba con una expresión más triste y deprimida que de costumbre, pero tampoco le había dado más importancia. No había vuelto a pensar en él hasta que, unas horas después, su amiga Brenda le había contado la noticia... 

¿De verdad Sherlock padecía esa terrible enfermedad? Por lo que había escuchado tenía muchos enemigos, algunos de ellos eran sus antiguos mejores amigos. No recordó haberle visto nunca muy acompañado… pero tampoco se había fijado demasiado. Las malas voces decían que hacía tiempo que Sherlock la contemplaba en silencio, que estaba locamente enamorado de ella, pese a que tan solo habían intercambiado las palabras justas como compañeros de clase que eran. ¿Podía ella haber evitado la muerte del joven? Por un momento pensó que debería haberse acercado un poquito, hablarle alguna vez e intentar hacerse su amiga en lugar de limitarse a verle pasar de tanto en tanto... Luego se lo repensó. Según el folleto estaba enfermo, y probablemente hubieran acabado peleándose como lo han hecho casi todos los que han intimado más con su persona. Daba un poco de pena, pero ella tampoco hubiera podido hacer nada para curarle. Quizá su suicidio no fuera tan trágico al fin y al cabo. Quizá hubiera sido mucho peor para él vivir inmerso en esa pesadilla de enfermedad.


Jenny mira a su alrededor y observa a la gente que ha acudido al entierro. La mayoría vecinos o familiares que han asistido por obligación y que se saludan cortésmente mientras desean en silencio irse a sus casas, ponerse cómodo/as y sentarse al sillón a ver una película. Hay algunos chicos del instituto, curiosos y morbosos a quien la muerte de Sherlock ha dejado con la boca abierta. Al otro lado de la sala están los padres del difunto. La madre llora bastante desconsolada mientras su marido la abraza, pero unos minutos más tarde consigue calmarla y los dos se disponen a saludar a los asistentes.

Lo superarán.

Más temprano que tarde.

Y con ese pensamiento Jenny recupera la tranquilidad, sale del tanatorio y se decide a seguir con su vida, dejando así en el olvido lo poco que conocía del difunto enfermo.

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Escribir no es más 
que jugar con las palabras.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Cosas de hermanos (Adictos a la escritura, diciembre 2011)




Holaaaaaaaaaa!! Hoy estoy muy contenta por dos motivos: el primero es que ya tengo vacaciones no tengo clase (en su defecto tengo mil trabajos que hacer u.u). La segunda es que, despues de 3 meses sin recaer en la adicción, hoy he vuelto a hacerlo... ¡vuelvo a ser una adicta a la escritura! :)

Y aquí tenéis el resultado, ¡a ver que os parece! Os advierto que lo he hecho rápidamente en el día de hoy asi que supongo que habrá muchas cosas a mejorar (principalmente el argumento creo que me ha quedado un poco pobre)... pero bueno, se ha hecho lo que se ha podido y la intención es lo que cuenta :)

Este mes se trataba de hacer una versión libre de la Navidad. A mi me ha quedado un cuento un poquito infantil, pero espero que os guste y quizá os haga sacar alguna pequeñita sonrisa.

No me enrollo más, ¡vamos allá!

Cosas de hermanos

Dicen que del amor al odio solo hay un paso, y eso no solo se reduce a las parejas. Uno de los casos más particulares es el de la familia en el que, a pesar del gran amor que circula, este a veces se muestra de manera negativa en los más escandalosos y  superficiales enfados. Y eso se manifiesta muy especialmente, sin los condicionantes de autoridad y respeto que se crean en las diferencias generacionales, en la relación entre hermanos, de manera más aguda cuanto más pequeña es la diferencia de edad. Y la familia Claus no se libraba de ello. 

Noel y Melchor creían que su condición de gemelos era una de las pocas cosas que compartían. Ni siquiera eso, puesto que Noel había nacido unos minutos antes, por lo que a veces le llamaban "papá". En lo demás, también eran totalmente diferentes: A Noel le gustaba el frío y a Melchor el calor. Noel era gordo y Melchor flaco. Noel era de la asociación protectora de renos y Melchor se interesaba más por los camellos. El color favorito de Noel era el rojo y el de Melchor el dorado. 

Pese a todas estas diferencias, ambos hermanos tenían dos rasgos en común. El primero era sin duda sus ganas y su capacidad por hacer felices a los niños. No hay cosa que les motivara más que el reto de conseguir que la gente creyera en la magia y en los milagros, y en que todo es posible a base de fe y esfuerzo. Ellos sabían que eso era así y tenían muy claro que su meta en la vida era llegar a transmitir su discurso de ilusión y positivismo al resto del mundo, con especial atención a los niños, los cuales serían el futuro de la humanidad.

Como ambos compartían ese objetivo, decidieron que iban a montar una empresa para ello. Como era matemáticamente imposible hacer feliz a la gente constantemente, decidieron que se centrarían en trabajar todo el año para que, en una noche, hacer que todas las personas del mundo obtuvieran aquello que más desearan y fueran felices con ello. Pero eso si, esa noche nadie se iba a alejar de dicha felicidad: todos los niños, creyeran en lo que creyeran y vivieran donde y como fuera, tenían derecho a ilusionarse en esas horas tan especiales.

El objetivo de la empresa estaba claro y era compartido por ambos hermanos. Pero no basta solo con el propósito para hacer funcionar una empresa, (menos aun cuando esta tiene unas características tan especiales), y los hermanos tenían demasiadas diferencias como para que la empresa funcionara correctamente. 

En los negocios, a Noel le gustaba trabajar solo, pero teniendo muchos colaboradores con homogeneidad de personalidades (generalmente gente bajita y sonriente, con uniformes verdes). Melchor por su parte era partidario del  trabajo con un pequeño grupo, con gente de diferentes razas y culturas, que aportara nuevas ideas fruto de las diversas formas de vida. Así pues, con tanta diferencia y pese a lo mucho que se querían los hermanos, tuvieron grandes dificultades para llevar a cabo su proyecto.  

Una de las principales dificultades de hacer esas visitas a las casas era el medio de transporte, y evidentemente Noel y Melchor también discutieron sobre eso. Mientras que Noel defendía construir un trineo volador, Melchor optaba por ir por tierra y enviar un satélite al espacio que les guiara por todos los rincones emitiendo luz propia. Cada uno de los hermanos veía desproporcionaba la opción del otro, y fue en esa discusión cuando decidieron que así no podían seguir, pues estaban acabando con el bienestar familiar y personal. Es por eso que finalmente decidieron separarse y montar cada uno su negocio por su lado.

Noel encontró a un poblado de irlandeses bajitos y se fue con ellos a vivir a Alaska, donde construyó un taller de fabricación de regalos. También contrató a un grupo de renos liderados por Rudolf, quién fascinó a Noel con su nariz rojiza y su magnífico sentido de la orientación. Finalmente, construyó un trineo volador y escogió la noche del 24 al 25 de diciembre para transmitir su mensaje de felicidad.

Por su lado, para no competir con su hermano, Melchor escogió la fecha del 5 de enero. Se juntó con dos grandes amigos, Gaspar (procedente de Oriente) y Baltasar (de las inhóspitas tierras de África). Contrataron a tres camellos para que les llevaran y lanzaron un satélite llamado “Estrella”, el cual les permitió llegar a todos los rincones del mundo.

Y parece ser que esa fue la mejor opción, pues ahora la relación familiar ha mejorado muchísimo. Ya no hay peleas entre los hermanos, y ambos son felices trabajando a su manera en aquello que realmente les gusta, han aprendido a respetar sus diferencias sin que haya ningún tipo de problema entre ellos.

Que este es un fenómeno muy positivo es algo que está más que demostrado, puesto que ambas empresas siguen funcionando aun hoy en día, y eso que hace ya mucho tiempo que empezaron. Hace tanto y tanto tiempo que los hermanos ya prácticamente ni recuerdan lo que era la vida sin compartir el segundo rasgo que les iguala: una larga y frondosa barba blanca, el único rasgo que nos permite a los demás tener en cuenta su tan insospechada condición de hermanos. 

Pese a todo, los más beneficiados sin duda han sido los niños, esa gran cantidad de niños de todo el mundo que ahora tienen no solo un día de ilusión, sino dos. El doble de regalos y de felicidad, de nervio, de deseo y de sorpresa. El doble de sonrisas y de buenos ratos. Dos esperadísimos días en los que, como en un sueño convertido en realidad, todo es posible.



lunes, 7 de noviembre de 2011

Gracias Luna




Holaaa!

Como hacía mucho que no os ponía nada, hoy he decidido dejaros una entrada preparada con uno de mis textos que hace tiempo que tenía ganas de publicar. He estado buscando entre las carpetas de mi ordenador y he encontrado varios textos, algunos de los cuales están acabados y por tanto listos para ser publicados. El de hoy es uno de ellos. 

Ya me daréis vuesra opinión sobre él! Ahi va:


GRACIAS LUNA

Saco la cabeza por la ventana y dejo que el frescor de la noche me invada. Observo la oscuridad que atrapa la noche y mi corazón. Sales de entre las nubes e intentas consolarme como de costumbre. Yo tampoco tengo luz propia, sino que tan solo sé vivir a la sombra, detrás de todo y de todos. Y este es el único modo de cambiar mi desdicha. Para mi ya solo hay tristeza, y por eso las lágrimas empiezan a caer por mis mejillas.

Gracias Luna, pero hoy tu belleza ya no me inunda, tu resplandor ya no me calma. Pensaba que el verte me servía para recuperarme de las heridas, pero me engañaba a mi misma. Tan solo conseguía apaciguarme unos instantes, ayudar a que todo entrara dentro de mí para fingir que estaba bien, que yo era alguien fuerte y que no había daño que me atormentara. Pero como si un cristal se me clavara, me estaba cortando. Y ya no puedo seguir haciéndolo. Porque no es que nada me quede, sino que nunca he tenido nada. Me entristece el pasado, me desagrada el presente y me aterra el futuro.

Gracias Luna por ser lo único que ha valido la pena. Gracias a ti, mi vida ha tenido una pizca de mejoría, si es que eso existe para mi. Gracias a tu luz porque ha sido lo que me ha permitido aguantar lo suficiente como para asegurarme de que esto no está hecho para mí. Eres lo único bello que he recibido en esta vida de dolores, envidias, gritos, miseria y malestares. Lo único que me ha acompañado, noche tras noche, hasta hoy. Y hoy me despido de la vida con estas palabras dedicadas a ti, ya que eres lo único en mi vida por lo que vale la pena hablar, lo único que merece ser querido. Gracias Luna. Tu resplandor es lo único que echaré de menos más allá del umbral de la muerte. 

lunes, 11 de julio de 2011

Un cumpleaños sorprendente (Adictos a la escritura, julio 2011)



 Holaaa!
Sé que tengo pendiente la crónica de 22:22, pero la voy a aplazar un día porque hoy toca publicación adicta. Así que mañana hablaré del proyecto de  Dianna.
Hoy es un día muy especial para los adictos, pues hoy se cumple 1 año desde que empezó el grupo: ¡¡FELICIDADES!! 

Como sabéis Adictos a la escritura es un grupo de gente a la que le gusta escribir y que, mensualmente, enmarcan en el proyecto un relato que va variando con una temática y unas características distintas.

Este es mi tercer relato con el grupo, esta vez con un tema muy especial: el cumpleaños. 


Debo decir que me he permitido hacer un par de trampas... En primer lugar debo admitir que la idea de mi relato no es mía, y el caso es que no sé de quien es. Cuando leí la temática del mes, senzillamente me vino a la cabeza un cuento que me leyeron en el instituto hace unos 4 o 5 años que me gustó muchísimo. Y ya no pude pensar en ninguna otra idea... Empezé a buscar el cuento por internet, pero ni siquiera me acordaba del título ni de la autora (sólo recuerdo que era una mujer), así que no lo encontré. En definitva, la historia está escrita por mí, y hay cosas que estoy segura que no son como la original, pero la idea principal debo advertir que no es mía.

También he hecho trampas en la largada del texto, pues el máximo son 2 páginas y a mí me sobran cuatro línias, pero no he podido reducirlo más... imaginaros que los dialógos están todos en una misma línia jeje :$

En fín, ya no os entretengo más y os dejo con la historia, y despues os explicaré a modo de curiosidad el trabajo que tube que hacer a partir del cuento, y lo que hice. Espero que me perdonéis las trampas, y que os guste la historia. Además también tengo que decir que es el primer texto que hago en éste género, así que ya me diréis que os parece el resultado. Aquí lo tenéis:

Un cumpleaños sorprendente

Ella habla y no la escucho. Sencillamente finjo que lo hago. Y la observo con rabia. Pues la odio. Con un odio irracional, invencible. Cómo odio esos ojos grandes y marrones, demasiado separados. Y su cara pintarrajeada... ¿de verdad cree que así estaba más guapa? ¿Que sus arrugas desaparecen? Ya es vieja y da igual lo que haga, siempre lo será. Pero ella se empeña en vestirse como una jovencita, con vestiditos ajustados, creyéndose que los hombres disfrutan observando sus piernas llenas de varices… Sobretodo odio su voz. Una voz incesable, chillona, de esas que se clavan en los oídos como un chirrido agudo e inquietante. Esa voz que sale de sus finos labios pintados de un rojo chillón... Y sigue hablando, como una cotorra, sin parar. ¡Qué pesadez!


Por suerte todo acabará en breve. Pronto llegará el momento que había estado planeando. En un par de días estaré bien lejos, en una playa del Caribe, tomándome una caipiriña en una tumbona y oyendo solamente el sonido del mar…


-¿Nos vamos cariño?


Esbozo una sonrisa. La hora llega. Pedimos la cuenta, pago y salimos del bar.  Tan solo nos queda un pequeño paseo antes de llegar a casa. Y entonces, en un momento, todo se acabará.


He escogido el día de mi cumpleaños, ¡qué mejor manera de celebrarlo! Veré esos ojos asquerosos cerrarse para siempre. Y esa voz, ya no la volveré a oír jamás. Heredaré su dinero, y me iré a vivir la vida que me merezco. Sí, éste va a ser mi mejor aniversario.


Llegamos por fin a nuestro edificio. El momento se acerca. Entramos y picamos el ascensor. No hay ningún vecino. Da una fugaz mirada al reloj y me sonríe. Parece nerviosa. Quizá su inconsciente nota que el tiempo se le acababa… No tendrá oportunidad de razonar el motivo de sus impulsos. 


Ella ha tenido anteriormente problemas de salud mental, depresiones y un par de intentos de suicidio. Por ello esconde todos sus miedos en ese horrible maquillaje y en esas estúpidas charlas insustanciales. Actualmente lo ha superado. Pero la intención de divorcio por parte de su marido, ese que se había casado con ella salvándola del dolor de su injusta vida, ese que la había apoyado y comprendido, quien se había convertido en el pilar de su felicidad, será motivo suficiente para que vuelvan  todos sus horrores y para que decida quitarse la vida… o eso es lo que pensará la policía.


Primero la dormiré con un producto que no deja huellas en la sangre. No en vano he escogido la profesión de forense, pues mis estudios me permiten conocer la sustancia adecuada para ello. Después la sentaré en el borde de la ventana, y sencillamente la empujaré, dejando que la gravedad acabe con todo. Segundos más tardes llamaré a la policía pidiendo ayuda desesperadamente. Y declararé que ella había amenazado con tirarse si seguía con la demanda de divorcio. Diré entre gritos de desesperación que he intentado calmarla, pero que ella se ha puesto muy histérica y ha acabado saltando, dejándome aterrorizado. Las declaraciones del resto de la familia dando fe de lo mucho que nos queríamos, y de lo mal que ella lo había pasado hasta haberme encontrado harán el resto.


Mientras el ascensor abre sus puertas, acaricio la jeringuilla que llevo en el bolsillo. Lo tengo todo preparado. Entramos adentro, falta muy poco. Me quedo observando su cara, esos ojos que pronto se cerrarán, esa boca que ya no emitirá ningún sonido, ese cuello que se partirá antes de teñirse de escarlata…


-¿Sabes lo mucho que te quiero verdad? A veces siento que no te lo agradezco lo suficiente... Pienso que te vas a cansar de mí .Pero luego veo que vienes…- dice ella ajena a mis pensamientos. Oigo sus palabras y su voz me produce dolor de cabeza. - con esos ojillos de buena persona queriendo ayudarme en todo lo que pase… Y por más que no lo entienda, sé que me quieres, y que siempre estaremos juntos y…- Necesito callarla de una vez, no puedo esperar. - Podríamos hacer un viaje. Los dos juntitos. Irnos a París o a Venecia. ¡Sería tan romántico! Tú y yo en medio de la noche…-Está todo preparado, nada puede fallar, ¿Qué importa si me adelanto unos segundos?… Necesito hacerlo ya.



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-¿Qué pasa cariño? ¿Estás bien?


De repente, su marido sacó algo de su bolsillo. Era una especie de… jeringuilla.


-¿Amor? ¿Qué es eso?- Se acercó a ella.- Querido ¿que…?


Y la miró. Nunca había visto semejante mirada en la persona que más amaba. Nada quedaba del cariño que siempre le había profesado. En sus ojos solo había odio. Un odio profundo, helado, cruel. Y entonces ella tuvo miedo. Sintió terror en el momento en que se acercó, y hubiera vomitado de angustia y agonía si no fuera por el pinchazo que notó en el brazo, el cual vino acompañado de un sueño repentino, y no pudo hacer más que cerrar los ojos…

 
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Se ha callado. Ya no se oye nada. Paz. Sonrío y estoy a punto de chillar de alegría. Pero luego recuerdo que aún me queda un paso muy importante. El fin definitivo. 

El ascensor llega a mi planta y la cojo en brazos mientras las puertas se abren. He actuado antes de lo que estaba previsto, pero no importa, pues no pesa demasiado. En unos minutos entraré en casa y acabaré con esto. Después me desharé de la jeringuilla y esperaré la llegada de la policía. Nada puede salir mal.


Saco la llave y abro con mi mujer en los brazos y la jeringuilla en la mano, pues aún no he tenido tiempo de guardarla. Entro y cierro la puerta. Todo está a oscuras. Con la mano busco el interruptor. Abro la luz…


-¡¡Sorpresa!!


Ante mí se encuentran todos mis familiares y amigos, con un pastel enorme, observándome primero con alegría y luego con sorpresa al ver cómo llego. Ahora solo me queda explicarles a los presentes, incluida mi mujer, el motivo por el cual entro con ella en brazos y con una jeringuilla en mi mano.


El ejercicio que hice en el instituto consistía en hacer un artículo del períodico en el que se contaba lo sucedido. Todo el mundo lo hizo explicando que habían puesto al hombre en la carcel, pero yo fuí más original. En la historia original no recuerdo como lo hacía, pero el caso es que cuando entraba en casa lo hacía con la mujer muerta en brazos y llena de sangre. Así que yo imaginé que el hombre contaba que había sido víctima de un robo y así era como se libraba de la cárcel, heredaba y se iba de viaje al Caribe para reponerse del horror vivido ;)

Esto es todo por hoy, una vez más felicitar a todos los adictos por este año, y desear que hayan muchos más letras, proyectos y relatos :D 

Mañana crónica de 22:22.
Un besito!

jueves, 30 de junio de 2011

No borréis mi infancia




No borréis mi infancia

No me acuerdo el día en que os conocí, porque toda mi vida ha sido siempre con vosotras. Lo que sí que recuerdo son los momentos que pasamos juntas, hay ¡tantas cosas que podría contar! Recuerdo nuestros encuentros cada tarde en la esquina próxima al colegio, los largos ratos que pasábamos allí. Jugábamos a caminar por la sombra de los fanales, al pilla-pilla, al escondite, a “tris-tras”… Jugábamos a las telenovelas, a los teletubbies y a las tres mellizas. O más bien pasábamos el rato discutiendo sobre quién interpretaba a cada personaje. Jugábamos a bailar y a hacer concursos. Jugábamos a ver quién era capaz de subir por la reja más rápido, y recuerdo que yo siempre perdía. Recuerdo nuestros momentos en la fuente seca de la entrada del colegio. Allí subíamos, dábamos vueltas o nos sentábamos a hablar… También recuerdo cuando volvíamos a casa haciendo un trozo de recorrido juntas, siempre por el mismo camino. Recuerdo que muchas veces parábamos en el quiosco a comprarnos chicles o pulseras. Y a veces íbamos al supermercado a comprar gelatinas de esas que tanto nos gustaban. 

También en el patio estábamos siempre juntas, y jugábamos a mil cosas distintas. Nos peleábamos y al cabo de unos días nos volvíamos a reconciliar. ¡Cuántas charlas tuvimos en aquel espacio! ¡Cuántos recuerdos! Y qué decir de las tardes que pasábamos juntas en casa de una o de la otra… Recuerdo el banco al que nos sentábamos, en el que jugábamos, en el que saltábamos y dónde hacíamos bailes. Y recuerdo nuestros juegos de dependientes con la caja registradora, y nuestras tardes de merienda y deberes. Y también recuerdo nuestras llamadas a un programa musical de la televisión para que nos pusieran nuestras canciones favoritas ¿Y cuándo jugábamos al escondite terrorífico en casa? Con las luces apagadas una contaba, y las otras se escondían por las distintas habitaciones, esperando para asustar a la que después buscaría a las otras. Nos encantaban las historias de terror que nos contábamos y hasta en un par de ocasiones hicimos la “guija”. Y no puedo olvidar los DVDs de miedo que veíamos, acompañados de un buen polo de limón. 

¿Y qué hay los veranos en los que salíamos con mis abuelos? Habíamos ido a la piscina o incluso al cine o a las atracciones de la feria. Recuerdo nuestras batallas con globos de agua y nuestras visitas al locutorio para hacernos pasar por alguien en algún chat… ¡cuánto nos reíamos!

Y también recuerdo nuestras incesantes peleas, y lo mal que me sentía cada vez que se producían. Siempre os poníais la una de parte de la otra y me dejabais sola y triste.  Y siempre volvía para pediros perdón y suplicaros clemencia, aunque considerara que no hubiera hecho nada. 

No digo que nunca haya hecho nada malo, no soy fácil ni mucho menos. Estoy convencida de que yo también me equivoqué muchas veces. Pero a pesar de todo yo siempre os quise como a las mejores amigas que siempre creí que erais.  Fueron muchos años y muchas aventuras.
Vosotras fuisteis y sois aun mi infancia.
Y luego crecimos, llegamos al instituto y cambiamos. Yo no me molesté en hacer nuevos amigos, porque os tenía a vosotras y creía que con eso ya me bastaba. Pero vosotras os hicisteis más atrevidas, empezasteis a pasar de los estudios y me dejasteis de lado. Yo no sé aun como fue, pero de repente nuestras peleas fueron cada vez mayores, y al final me encontré con amigas vuestras que iban en mi contra sin ni siquiera conocerme. Encontré a unas pocas personas que iban conmigo, pero aun así me seguía doliendo mucho la situación que se extendía entre nosotras. En el fondo siempre tuve la esperanza de que todo fuera una pelea más, como tantas otras habíamos superado, y que volveríamos a ser amigas tarde o temprano.

 Con el tiempo me he di cuenta de cuan equivocada estaba. Y aprendí a superarlo. Conocí a más gente e intenté abrirme. No fue fácil, pues reaccioné demasiado tarde, y ya todo el mundo me veía como alguien enganchado a vosotras, alguien que no sabía relacionarse. Además no me lo dejasteis fácil, poniendo a la gente a en mi contra sin ni siquiera saber yo su nombre, e insultándome de lejos cuando me veíais por la calle. 

Han pasado ya varios años. En este momento nuestros encuentros se limitan a pequeños momentos casuales en los que simplemente nos ignoramos, aunque yo aún conservo esa tensión de recordar lo que fuimos algún día y de comprobar una vez más cómo hemos cambiado.
Pero en general ya lo tengo superado plenamente… o eso creo. Porque hoy he visto como habéis colgado en una red social una fotografía de cuando éramos pequeñas. Una fotografía en la que salíamos las tres… y en la que me habéis recortado. Y sé que no me debería extrañar. Y sé que para vosotras eso ha sido lo más normal del mundo. Y sé que probablemente os habéis reído cuando me cortabais, pensando en lo fea que era entonces (nunca he sido muy agraciada, y menos de pequeña). Pero aun así me ha dolido.

Ya no pido que seamos amigas ni que hablemos como ex compañeras. Ni siquiera necesito que me digáis nada cuando nos vemos por la calle. Vosotras os tenéis la una a la otra, tenéis vuestra historia juntas de la que os podéis enorgullecer. Pero si me borráis de vuestras fotografías y de vuestros recuerdos, ¿qué quedará de mí? Estáis destruyendo mi infancia, y con ella la mayor parte de mi vida. Después de todo lo que hemos pasado, vuelvo suplicándoos una vez más: no me arrebatéis una tan gran parte de mi existencia.

No se trata de que hagamos un futuro juntas.
Tan solo os pido que no eliminéis el pasado que tuvimos, nuestra infancia.

Para V y L.

lunes, 27 de junio de 2011

¿Quién serás? (Adictos a la escritura, junio 2011)


Holaaa!

Hoy os traigo mi segunda participación en el proyecto Adictos a la escritura. Este mes se trata de Banda Sonora, una composición basada en una canción cualquiera. Yo os recomiendo que escuchéis la canción mientras oís de fondo la música :)

Mi texto está basado en la siguiente canción de la cantante mexicana Dulce María, de la cual he cojido el título y una frase del estribillo, que podéis ver en cursiva:

 
 ¿Quién serás?
Querido amor de mi vida: 
No sé quién eres y me pregunto dónde estás y qué estás haciendo. ¿Cuándo aparecerás? ¿O ya has aparecido y no te he reconocido? ¿Y si te he perdido sin saberlo? Llevo toda mi vida buscándote, ¿por qué no te encuentro? Dame alguna pista para que pueda hacerlo. 
Desconozco tu nombre. Tal vez sea exótico y no lo haya oído nunca. O a lo mejor eres uno de los miles de Pepes Pérez o Richards Smith que hay en el mundo.
Ya sé que es de mala educación preguntarlo pero ¿cuántos años tienes? Es bastante probable que tengas una edad parecida a la mía, pero necesito saber si aún eres demasiado joven para conocerme, o si por el contrario eres tan mayor que tengo que apresurar mi búsqueda, pues ya has esperado bastante por mí. 
Tampoco sé nada acerca de tu persona. ¿Eres rubio, moreno o pelirrojo? ¿Tímido o extrovertido? ¿Cuál es tu color favorito? ¿Te gusta el rock duro, o quizá eres más de música clásica? A lo mejor nos hemos visto alguna vez, o hemos estudiado en la misma universidad. Quién sabe cuántos amigos tengamos en común, o cuantos tendremos en un futuro. 
Quizás eres ese de ahí, el moreno de expresión seria que cruza la calle apresuradamente con traje, corbata y un maletín negro. O a lo mejor eres el que está bostezando mientras camina lentamente, con su camiseta ancha y su gorra. Quién sabe si eres ese otro que se fuma un cigarrillo en la parada del autobús. ¿Y si eres el heavy que está hincándole el diente a una buena ensaimada en la terraza de un bar mientras se motiva escuchando la música rock que suena a todo volumen a través de sus auriculares? O quizás eres el de la mesa de al lado, quien está demasiado interesado en el periódico del día como para notar que su café se está enfriando. 
Quizá ya te conozco, quizá te he tenido muy cerca y te he dejado escapar sin saberlo. O tal vez estás tremendamente lejos, y va a pasar mucho tiempo antes de que por fin te vea. Igual eres extranjero. Quizá estés de camino en un avión en estos instantes, sin tener idea de que a cada momento estás más cerca de encontrarte conmigo. ¿Me reconocerás cuando eso pase? 
Quizá ahora también estés pensando en mí sin saberlo, o quizá estés perdiendo el tiempo buscándome en la chica equivocada… Tranquilo, yo también he cometido ese error varias veces. 
¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cuánto te tengo que esperar, si no he sentido nada nuevo en esta soledad? 
Solo sé que algún día, tarde o temprano, cerca o lejos, nos encontraremos y viviremos la mejor historia de amor de todos los tiempos. Hasta entonces, seguiré buscándote incansablemente.
Espero noticias tuyas pronto,
La chica de tus sueños. 
¡Espero que os haya gustado!
Nada más por hoy, ¡nos leemos!

martes, 24 de mayo de 2011

Actitudes (Adictos a la escritura, mayo 2011)


Holaa!
Como sabeis, este blog no es solo de libros (más bien libros hay poquitos :/) sino que tambien aprovecho para escribir mis relatos propios, y por ello he decidido apuntarme a una iniciativa que me parece estupenda y para la que hoy hago mi primer proyecto.
Se llama Adictos a la Escritura y es un foro+blog en el que se presenta un proyecto mensual sobre el que escribir, y se fija un día en que todos los participantes cuelgan sus relatos:


Este mes, el proyecto es un microrelato que como máximo debe tener 150 palabras y que es de tema libre.Y aquí teneis mi resultado :) Está escrito bastante rapidito, porque tenía uno preparado pero al final no me ha gustado y he escrito otro, la verdad es que no es que sea de mis relatos favoritos pero tampoco he tenido mucho tiempo, y a parte el límite de las 150 palabras no me ayuda mucho...pero en fin se ha hecho lo que se ha podido, y estoy orgullosa de participar por primera vez, espero que pronto pueda participar en nuevos proyectos con relatos mejores, que al fin y al cabo el propósito es aprender a escribir bien y mejorar día a día :D

Sin más preámbulos aquí lo teneis!


Actitudes.


Aparentemente, todos me quieren mucho y me alaban, pero solo tienen actitudes con las que me mantienen alejada... Dicen morir por mí, desearme, quererme; todas bellas palabras: pero luego ellos son los primeros que acaban traicionándome y alejándome de su hogar. Da igual que sean blancos o negros, ricos o pobres, jóvenes o grandes... ¡hipócritas la mayoría!

Lo que yo busco se encuentra muy alejado de pancartas o palomas blancas. Lo que yo deseo son actitudes, y eso es demasiado para una gran parte de la gente... Aunque es cierto que en algunos pequeños instantes de luz, veo algunos actos de caridad, de humildad y de honradez. Pequeños pero grandes momentos.

Y eso es lo que me impulsa, es lo que me anima a seguir luchando para que mi nombre sea más que palabras. Para que el mundo llegue a conocer el verdadero significado de la palabra PAZ.  

sábado, 7 de mayo de 2011

El secreto de las estrellas


Holaa!

Hoy traigo esta historia hecha por mí que he presentado en el certamen literario de Sant Jordi de mi instituto, además de formar parte del proyecto "Colección de relatos JR II" del foro JR.

El relato está inspirado en varias cosas, desde el mito alado de Platón, hasta algunos momentos de mi vida propia pasando por la canción "Forgiven" de Within Temptation que era el tema del proyecto JR. Aquí os dejo la canción, para que tengais presente la banda sonora de la historia :)
Y bueno sin más preámbulo aquí está el texto (un poquito largo, lo reconozco) ¡espero que os guste! :D
El secreto de las estrellas
Hace tiempo que dejé de creer en tus historias. Hace tiempo que dejé la magia a un lado...
Ha aparecido de la nada. Una luz cegadora, y de repente la he oído. La carroza. La mágica carroza alada, tirada por bellos caballos… ¿Cuantas veces me habías hablado de ella? Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero ahora la veo y comprendo que no te lo inventabas, que no era un cuento, que la carroza de tus historias ha llegado.
Recuerdo cuando tenía miedo y te llamaba para que acudieras en mi ayuda. ¿Cuántas noches te despertaron mis gritos?  A veces tan solo me abrazabas con uno de esas muestras de cariño que solo tú podías darme. Y era tan poderosa la magia de tu calor que era capaz de vencer todos los monstruos de mis pesadillas, todos mis miedos. Luego, cuando me quedaba más tranquila, me susurrabas que cerrara los ojos y me prometías que estarías allí, velando por mí. Y cumplías tu promesa. ¿Cuantas horas de sueño pasaste a mi lado viendo mis ojos cerrados y mi respiración relajada?
Otras veces me contabas cuentos, historias con las que me llevabas a lugares mágicos y bellos. Lugares en donde el bien siempre triunfaba, en donde el amor y el cariño eran lo único importante. Me enseñabas a ser mejor persona, a soñar. Contigo creía en los príncipes, en las hadas y en la magia. Y no, entre esos parajes no había espacio para la tristeza. Me ayudabas a tranquilizarme con el sonido de tu voz, y cuando me cogías de la mano sentía que ya nada malo podía sucederme.
Y entre esas historias, me hablaste de las carrozas. Esos hermosos carruajes que aparecían de entre las nubes llegado el momento. Las carrozas eran conducidas por los más bellos ángeles y eran tiradas por majestuosos caballos, los cuales volaban encima de un arco iris que inundaba el cielo con sus colores. Las carrozas se desplazaban mostrando todo su esplendor, para después aterrizar elegantemente, como si se tratara de frágiles plumas bailando la armónica danza de un viento suave. Existían muchísimos carruajes, y cada uno aparecía sólo cuando a la persona destinada a éste le había llegado la hora de marcharse de este mundo. En ese momento, la preciosa carroza venía a buscar a su destinatario y éste solo podía montarse en ella. La carroza entonces alzaba el vuelo y la persona se quedaba allí eternamente, viajando a través del cielo. Me contabas que las estrellas son en realidad carrozas de gente que en la tierra habían sido muy bondadosos, y que pasaban el resto de la eternidad reviviendo la felicidad, recordando solo los buenos momentos y volviendo a ver una y otra vez a sus seres queridos. No obstante, la gente que había hecho daño a los demás vivía recordando el dolor causado, preso de los remordimientos. Y al no poder escapar de ese destino una vez la carroza aparecía, ese se convertía en el peor castigo, en la mejor manera de que se hiciera justicia. Esa gente no tiene alegría y por tanto sus carruajes no brillan, son solo puntos negros que nadie ve ni recuerda.
Esa era mi historia preferida, y por eso te pedía que me la contaras una y otra vez, noche tras noche. Y tú lo hacías, llena de paciencia y de amor, tan solo por verme sonreír y, a los pocos minutos, dormirme tranquila.
Luego crecí y creí encontrarme con la realidad: Los problemas y las injusticias de la vida. Poco a poco tus momentos a mi lado fueron disminuyendo y dejaste de ser importante para mí. Tú intentabas seguir conmigo, pero yo no hacía más que apartarte creyéndome que no te necesitaba, que era demasiado infantil seguir oyendo tus historias. Y me olvidé de tus cuentos y del poder de tu voz. Me convertí en alguien mediocre que nada tenía, me aparté de las cosas realmente importantes. Creí perder la inocencia, pero en realidad me olvidé de creer y de soñar. Y te dejé en el camino. Pese a todo, tú siempre estuviste allí dispuesta a cualquier cosa que te pidiera.
Tú también creciste, y con el tiempo necesitaste más atenciones. Empezaste a perder movilidad. Cada vez salías menos. Te abandonaban las fuerzas. Mamá me decía que estuviera más atenta a ti, que te tratase mejor.  Podría haber pasado tardes contigo haciéndote compañía. Podría haberme quedado algunas noches cogiéndote de la mano, como tantas veces habías hecho tú en mi infancia. Podría haberte pedido más historias, aunque solo fuera por hacerte feliz. Pero solo pensaba en vivir mi vida, en buscar una felicidad que creía que solo encontraría con independencia.
Llegó el día en que dejaste de salir a la calle. Te pasabas el día ahí sentada delante de la televisión medio dormida, con cara de infelicidad. Cuando me veías llegar del instituto parecía que había un brillo en tus ojos, una esperanza de que fuera a hablar contigo y de que te pidiera que me contases uno de esas historias que un día habían sido indispensables para mí. Pero yo, en lugar de eso, te saludaba secamente y me metía en mi habitación, a hablar con mis amigas por el ordenador o a leer una revista. Ya no me interesaban tus historias, las cuales aseguraba que eran tonterías que no me ayudarían a convencer a mamá de comprarme un vestido nuevo o a hacer que el chico guapo de mi clase se fijara en mí.
No podíamos irnos de vacaciones, ni siquiera ir a comer a un restaurante, solo porque no podías salir y porque no podíamos dejarte sola. El día que le sugerí a mamá que te llevásemos a una residencia, ella se enfadó muchísimo. Me dijo que como podía ser tan egoísta. Yo le contesté con un grito, pues en el momento me sentí irritada. Pensaba que lo hacías para complicarnos las cosas, para llamar la atención. Papá también se enfadó, y me preguntó si eso era lo que tenía pensado hacer cuando fueran ellos los que estuvieran en tu situación.
Si me hubiera fijado algo, me hubiera dado cuenta de que tú eras la que peor lo estaba pasando, pues eras plenamente consciente de que eras una gran carga para todos. Pero  sólo pensé en mí y dejé pasar el tiempo con malas caras cada vez que tenía que hacer algo para ayudarte. Ni siquiera cuando te pusieron pañales porque ya no podías salir de la cama hice nada por ir a tu cuarto a verte. Quizá si hubiera ido hubiera evitado las lágrimas que corrían por tu mejilla noche tras noche, cuando nadie te veía.
Y un día llegó lo inevitable. Llegué del colegio y mi madre me abrazó y me dijo que habías muerto. Y no lo pude evitar, me alegré. Intenté pensar que me alegraba porque ya dejabas de sufrir, pero en el fondo lo único que pensaba era “¡se acabó el fastidio de estar cuidándote todo el día!”. Aun así, tuve la suficiente “inteligencia” como para no pronunciar en voz alta mis pensamientos.
No lloré en tu funeral. Es más, me incomodó bastante el tener que ir. Tener que aguantar a mis tíos y familiares dándome besos y recordándome cuanto había crecido. Había gente que ni siquiera conocía. A penas presté atención a las palabras de apoyo ni a los sollozos de mamá, solo quería irme de allí. Tanto era mi odio en aquel momento que cuando aquella noche vi en el cielo la estrella más grande y brillante que había visto nunca, cerré la persiana.
Después de eso seguí mi vida, encerrando en lo más profundo de mi ser los momentos que había pasado contigo. Olvidándote. Me saqué la carrera, conseguí un trabajo, me independicé y formé una familia… Viví buenos y malos momentos. Y evité mirar el cielo por las noches, pues no quería saber que la gran estrella brillante seguía ahí.
Cuando papá y mamá se hicieron grandes, los traje a una residencia sin pensarlo dos veces. Me excusé a mí misma diciéndome que no tenía tiempo entre el trabajo, la casa, los niños... Pero la cruda realidad era que no quería pasarme la vida cuidando de ellos. Mis hijos prácticamente no conocieron a sus abuelos, y eso fue mi culpa, pues no les traje prácticamente nunca a verlos. No les enseñé el valor de la familia, puesto que eso era algo que ni yo misma conocía. Papá murió habiendo visto tres veces a mi hijo de cinco años.  Y la siguiente vez que vi a mamá fue dos años más tarde, en su funeral. Esa noche, no pude evitar mirar el cielo y, al ver tres estrellas brillando con intensidad, me sentí mal durante un instante. Después de eso me apresuré a cerrar los ojos e hice lo posible para olvidar.
Han pasado los años y ahora estoy aquí, tumbada en la cama en esta habitación oscura y tétrica. Mi marido murió hace tres años. Hoy hace cinco meses y tres días que no veo a mi hijo pequeño. La última vez estuvo aquí una media hora para contarme que se había casado. Su mujer parecía buena chica, de hecho se notaba que era ella la que le había insistido para que viniera a verme… Mi hijo mayor me llamó hace más de un año para contarme que ya había nacido su hijo, mi nieto. Y aún no lo conozco.
Aunque ya es negra noche no puedo dormir, puesto que me paso las mañanas durmiendo. Ahora entiendo que hay poca cosa que hacer cuando ni siquiera te puedes levantar de la cama. Mis únicas compañeras son la soledad y alguna enfermera que viene de tanto en tanto a lavarme y darme de comer. Ya no me queda ni dignidad, ni sueños, ni esperanza. Lo único que me queda ahora es mirar por la minúscula ventana de mi cuarto. Y es que ya no puedo evitar ver las estrellas y recordar. Y pido perdón. Me gustaría oír tu voz diciendo que me perdonas. Que ya todo está olvidado, pero sé que eso no va a pasar nunca.
De repente, el cielo se aclara. Y un gran arco iris lo cubre todo de color. Al principio cierro los ojos. Pero cuando oigo un relinche de caballos, comprendo que ya es la hora de irme, como se fueron papá y mamá. Como te fuiste tú.
La diferencia es que esta noche no aparecerá una nueva estrella brillante.

miércoles, 4 de mayo de 2011

My Little Words III: Besos



Holaaa!
Aquí os traigo la tercera y última entrada de My Little Words, y me atrevería a decir que es mi favorita! Espero que la disfruteis y no dudeis en dejar vuestros comentarios :)

BESOS


Besos que puede ver, besos que no puede sentir.



Besos.

A veces cortos y tranquilos.

Otras veces largos y apasionados.

Besos.

Siempre tiernos, siempre cálidos.

Besos de alegría, de sorpresa, de emoción, de pasión.

Besos atrevidos, besos singulares, besos estratégicos, besos queridos.

Besos de amor.



Besos.

Besos observados, besos deseados,  besos que hieren.



Besos que puede ver desde fuera, pero que no puede sentir.

Porque aunque ama eso besos, ama más a la persona que los da. 
Y por esa persona renuncia a lo más maravilloso, sus besos.

martes, 3 de mayo de 2011

My Little Words II: Tan solo un "te quiero"


Holaa!
Hoy me paso rapidito a traeros la segunda parte de My Little Words, que como siempre espero que os guste :D


TAN SOLO UN “TE QUIERO”

No le importaba si él no quería hijos.
No pretendía que le pidiera matrimonio.
No dudaba que él jamás querría vivir con ella.
No quería que renunciase a nada por ella.
No lo rechazaba aunque él tuviera a otras.
No le obligaba a acordarse del día en que se conocieron.
No pedía que le hiciera un regalo en su cumpleaños.
No reclamaba que escuchase sus problemas.
No suplicaba  flores, ni bombones, ni velas…

Le bastaba con que le cogiera las manos, la mirara a los ojos con un destello de complicidad y le dirigiera un modesto “te quiero”.    

domingo, 24 de abril de 2011

My Little Words I: Frío



Holaaa!

Ahora estaré unos días sin subir, pero para que no parezca que tengo esto olvidado, aquí os dejo este texto de creación propia que escribí hace algún tiempo. Tengo previsto subiros tres textos cortitos que los agrupé con el título My little words y a los cuales les tengo mucho cariño porque fueron de los primeros que escribí de este género más romántico por llamarlo de alguna manera. 
Aquí os dejo el primero, el cual habla de una sensación que siempre he pensado es terriblemente maravillosa, no apta para los que amen las altas temperaturas :)  


Frío

Le gusta el frío.

 

Ese frío que corre por sus venas y que la deja helada.
Esos escalofríos repentinos que se desplazan por cada célula de su cuerpo, y que parece que le destrozan la piel.
Sí, puede parecer extraño, pero el frío hace que lo desee más que nunca.
Con el frío, surgen unas ganas incontrolables de entrar en calor. Los abrazos en medio del helado paisaje son los que realmente causan placer. Jamás ha agradecido tanto la presencia de aquella persona a la que ama.
Una noche de tempestad, con todo el viento helado en la cara. Sentir el sonido de la lluvia que tiñe el mundo con su susurro… Y, a su lado, está él, abrazándola, bebiendo de sus labios, reconfortándola más a cada segundo. Se siente segura, protegida, amada. No hay nada más hermoso que eso. No puede existir una sensación más aguda, más reconfortante. Tranquilidad, armonía, placer…

El calor más bello del mundo, surge en medio del más profundo frío.


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