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miércoles, 13 de agosto de 2014

Fragmentos de "La elegancia del erizo"de Muriel Barbery



Holaa!
Hoy recupero esta sección después de mucho tiempo de tenerla abandonada. En esta ocasión vamos a leer la prosa de la francesa Muriel Barbery, ¡espero que os guste!


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El primer fragmento habla de una corriente filosófica: la fenomenología. Sin embargo, no lo considero un buen fragmento por aquello de lo que habla, sino por cómo se explica lo que se explica. Creo que hablar de algo tan complejo con un tono informal e incluso irónico nos permite conocer perfectamente el carácter de Renée, la protagonista desde cuyo punto de vista está contado este capítulo. Me parece genial que alguien hable de filosofía de un modo claro y a la vez divertido:

En el capítulo 6 de Camelias: Sotanas de tela basta

Tal es la fenomenología: la "ciencia de lo que aparece a la conciencia". ¿Cómo es un día normal en un fenomenólogo? Se levanta, tiene conciencia de enjabonar bajo la ducha un cuerpo cuya existencia carece de fundamento, de tomarse unas tostadas reducidas a la nada, de vestir una ropa que es cómo unos paréntesis vacíos, de ir al trabajo y de asir un gato. 

Poco le importa que el gato exista o no y lo que el gato sea en su esencia misma. Lo que no se puede decir no le interesa. En cambio, es innegable que a su conciencia se le aparece un gato y es ese aparecer el que preocupa a nuestro hombre. 

Un aparecer por lo demás bastante complejo. Es desde luego notable que se pueda detallar hasta ese punto el funcionamiento de la aprehensión por parte de la conciencia de algo cuya existencia en sí es indiferente. ¿Saben ustedes que nuestra conciencia no aprehende nada de una sentada, sino que efectúa complicadas series de síntesis que, mediante perfilados sucesivos, consiguen que nuestros sentidos perciban objetos diversos como, por ejemplo, un gato, una escoba o un matamoscas? (No me negarán que no resulta útil este mecanismo.) Realicen el ejercicio de mirar a su gato y de preguntarse cómo es que saben ustedes qué aspecto tiene por delante, por detrás, por arriba y por abajo cuando en ese momento sólo lo están viendo de frente. Ha sido necesario que su conciencia, sintetizando sin que ustedes se dieran cuenta siquiera las múltiples percepciones de su gato desde todos los ángulos posibles, termine creando esa imagen completa del gato que su visión actual no les proporciona jamás. Lo mismo ocurre con el matamoscas, que no perciben nunca ustedes más que por un lado, si bien pueden visualizarlo entero en sus mentes y. milagro, saben sin tener siquiera que darle la vuelta qué aspecto tiene por el otro lado. 

Estaremos de acuerdo en que ese saber resulta muy útil. Resulta difícil imaginar a Manuela utilizando un matamoscas sin echar mano inmediatamente del saber que tiene de los distintos perfilados necesarios para su aprehensión. Por otra parte, resulta difícil imaginar a Manuela utilizando un matamoscas por la sencilla razón de que en las casas de los ricos no hay moscas. Ni moscas, ni viruela, ni malos olores, ni secretos de familia. En casa de los ricos todo es limpio, sin aristas, sano y por consiguiente preservado de la tiranía de los matamoscas y del oprobio público. 

He aquí pues lo que es la fenomenología  un monólogo solitario y sin fin de la conciencia consigo misma, un autismo puro y duro que ningún gato real y verdadero importuna jamás.

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Vamos ahora a por un fragmento triste. O melancólico. Incluso romántico. Una muerte triste peo digna, un último gesto de amor y compenetración que a mi al menos me pareció muy bonito y emocionante:

En el capítulo 9 de CameliasOctubre rojo

Pienso que murió inmediatamente después. Su cuerpo resistió tres semanas más todavía, pero su espíritu se extinguió al final del pase, porque sabía que era mejor así, porque me había dicho adiós en la sala oscura, sin anhelos desgarradores en exceso, porque había hallado la paz así, seguro de lo que nos habíamos dicho sin necesidad de palabras, mientras mirábamos juntos la pantalla iluminada en la que se narraba una historia. 

Yo lo acepté.
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A continuación una reflexión clásica pero que tendemos a olvidar:

En el capítulo 11 de CameliasDesolación de las revueltas mongoles.

¿Dónde se encuentra la belleza? En las grandes cosas que, cómo las demás, están condenadas a morir, o bien en las pequeñas que, sin pretensiones, saben engastar en el instante una gema de infinitud?
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A todos nos da miedo la muerte, el fin de las cosas. Y es por eso que buscamos aquello que no acaba nunca, la eternidad:

En el capítulo 13 de CameliasEternidad

"La verdadera novedad es lo que no envejece, pese al tiempo."

La camelia sobre el musgo del templo, la violeta de los montes de Kyoto, una taza de porcelana azul, esta eclosión de la belleza en el corazón mismo de las pasiones efímeras, ¿no es acaso a lo que todos aspiramos? ¿Y lo que nosotros, civilizaciones occidentales, no sabemos alcanzar?

La contemplación de la eternidad en el movimiento mismo de la vida.
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Una gran verdad de la que todos somos partícipes. Sencillamente una frase magnífica:

En el capítulo 15 de CameliasDeber de los ricos

La facilidad que tenemos de manipularnos a nosotros mismos para que no se tambaleen lo más mínimo los cimientos de nuestras creencias es un fenómeno fascinante.
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Para acabar, un fragmento realista que debería acompañarnos a todos cada día, a cada momento. Una invitación al carpe diem,¡No malgastemos el tiempo! 

En el capítulo Idea profunda nº 8

Sobre todo no hay que olvidarlo. No hay que olvidar a los viejos de cuerpo podrido, los viejos a dos pasos de una muerte en la que los jóvenes no quieren pensar (confían a la residencia de ancianos la tarea de llevar a sus padres a la muerte sin alboroto ni preocupaciones), la inexistente alegría de esas últimas horas que tendrían que disfrutar a fondo pero las pasan en el tedio y la amargura, rumiando los mismos recuerdos una y otra vez. No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvidan, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente ya son ochenta. Colombe cree que uno "puede darse prisa en olvidar" porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos de mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana... Pero si se teme al mañana es porque no se sabe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?

De modo que sobretodo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.

Para esto sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos.
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Y hasta aquí mis fragmentos de hoy, que espero que os  hayan gustado y os hayan hecho pensar mucho.

como siempre, ¡espero vuestros comentarios!

Un beso a todos!

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que jugar con las palabras.

jueves, 24 de enero de 2013

Fragmentos de "El jardí de les fades sense son" (El jardín de las hadas sin sueño) de Esther Sanz (Saga El bosc / El bosque 2)



Holaa!
Hoy os traigo dos fragmentos del último libro de Esther Sanz. ¡A ver que os parecen los dos trocitos que os he seleccionado!


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El primer fragmento es una conversación posterior a un beso. Berta explica su concepción de los besos y su capacidad de parar el tiempo:

En el capítulo El bany de les fades

Després d'allò, la Berta i jo ens vam asseure a la penya, a tocar de l'estany de les Princeses. Ens vam estar una bona estona tirant códols a l'aigua, en silenci. Jo vaig ser la primera en trencar-lo:
-Quan ha passat?
La Berta va somriure amb picardia com a resposta.
-Ja us havieu enrotllat a Londres -vaig insistir, curiosa de conèixer-ne els detalls- o ha estat aquest matí quan us he deixat sols?
-Aquest ha estat el nostre primer petó -va confessar, emocionada-. Ho he fet perquè volia comprovar una cosa. 
-Què?
-Ja m'entens, si el món s'atura...
Me la vaig mirar estranyada.
-No tots els petons són iguals. Només n'hi ha alguns que aconsegueixen que el món s'aturi. Són els millors: els que fan que el temps es pari i perdis fins i tot la noció de qui ets. 
Per l'expressió somiadora que hi posava vaig deduir que havia estat un d'aquells.

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En este segundo y último fragmento vemos una reflexión interesante sobre la vida y la forma más adecuada de vivirla para no sentir que se ha desaprovechado:

En el capítulo La República del Bosc

-I qué hi fas, al bosc? -va preguntar la Berta.
-Vaig anar fins als boscos perquè volia viure a consciència, viure a fons i extreure tot el que pogués de la vida.
Va deixar anar aquella frase com si fos un poema. 
-Deixar de costat tot el que no fos vida -va continuar el noi- per a no descubrir en el moment de la mort que no havia viscut.
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Y hasta aquí mis fragmentos de hoy, que espero que os  hayan gustado y os hayan hecho pensar mucho.

como siempre, ¡espero vuestros comentarios!

Un beso a todos!

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que jugar con las palabras.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Fragmentos de "Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja" de Sarah Mac Lean (Saga Love by numbers 1)



Holaa!
Hoy os traigo los fragmentos que más me han hecho reflexionar del último libro que os reseñé. El libro me gustó bastante y hubo varios fragmentos que me parecieron muy interesantes, así que la entrada de hoy va para larga. ¡A ver si os gustan!

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El primer fragmento que os traigo es un pensamiento de la protagonista, Callie, que desea volver a su inocencia, desea volver a creer en aquello maravilloso que creyó que tenía, y odia ser consciente de que en realidad no lo ha tenido nunca.

En el capítulo 2

"Ser considerada hermosa. Una sola vez"

Era lo más improbable de su lista... Solo podía recordar una vez, un momento fugaz en su vida, en el que se había acercado vagamente a esa meta. Pero al recordar aquella noche, hacía ya tanto tiempo, cuando el marqués de Ralston la había hecho sentirse hermosa, tuvo la certeza de que él no la había percibido así. No, él solo fue un hombre que hizo lo que pudo para que una jovencita se sintiera mejor consigo misma antes de escapar a una cita nocturna. Sin embargo, en ese momento la había hecho sentirse hermosa. Como una emperatriz. ¡Cómo deseaba volver a ser tan inocente! ¡Cómo anhelaba volver a sentirse Calpurnia otra vez!

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En este divertido fragmento se nos demuestra que Callie, aunque no pueda admitirlo públicamente, tiene claro que hay un momento en el que una mujer (o cualquier persona), puede llegar a hacer cualquier cosa por aquello que más desea,:

En el capítulo 4

-¿Hace mucho tiempo que es amiga de mi hermano? 
Callie se quedó paralizada.
-¿Amiga?
-Sí. Es evidente que Ralston siente una profunda admiración por usted y que la considera su amiga. Esta mañana parecía realmente ansioso por informarme de que usted me apoyaría ante la sociedad. Si no son amigos, ¿por qué iba usted a estar aquí? ¿Por qué arriesgaría su estatus para guiarme y no dejarme dar un paso en falso?  
Callie supo que no podía decirle la verdad. "Deberías saber, Juliana, que hay un momento en la vida de cada mujer en la que está dispuesta a cualquier cosa por que la besen"
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A continuación un pequeño fragmento que contiene una gran verdad:

En el capítulo 8 

No atreverte a vivir una aventura es peor que haber tenido una experiencia decepcionante.

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Ahora os traigo un divertido e irónico fragmento que contiene oculta una gran crítica a los acuerdos sociales protocolarios, exagerados en el siglo XIX, pero cuya crítica también podría aplicarse a nuestra sociedad actual:

En el capítulo 9 

Finalmente se detuvo ante un ejemplar de edición alemana sobre Mozart, y se mordisqueó el labio inferior mientras consideraba aquella opción.
—Si está buscando una biografía sobre Mozart, no encontrará ninguna mejor que esta. Niemetschek conoció al maestro en persona.
Juliana se volvió hacia la voz.
A solo unos centímetros de ella, estaba el hombre más apuesto que hubiera visto nunca.
Era alto, de espaldas anchas y ojos del color de la miel calentada por el sol. La luz del atardecer que entraba a raudales por la vidriera del escaparate arrancaba brillos dorados a sus rizos y subrayaba las líneas perfectas de su nariz y mandíbula.
—Er… —Se interrumpió, intentando recordar a toda prisa qué indicaban las normas de conducta en tales situaciones. Callie y ella no habían llegado a discutir cuál sería la manera de actuar cuando se viera abordada por un ángel con conocimientos sobre biografías de músicos. No debería ser impropio agradecérselo, ¿verdad?—. Muchas gracias.
—Un placer. Espero que disfrute de él.
—Oh, no es para mí. Es un regalo para mi hermano.
—Ah, pues espero que él lo aprecie. —Hizo una pausa y se miraron a los ojos durante un buen rato.
Juliana se puso nerviosa ante ese silencio y se vio obligada a romperlo.
—Lo siento, señor. No estoy segura de que sea correcto que conversemos sin que nos hayan presentado.
Él esbozó una sonrisa que hizo que ella sintiera un cálido escalofrío.
—¿No está segura?
—Estoy casi segura. Acabo de llegar a Londres y todavía no conozco bien el protocolo, pero me parece recordar que deberíamos haber sido presentados —dijo con un brillo en sus ojos azules.
—Es una lástima. ¿Qué cree que ocurriría si nos descubrieran hablando de libros en un lugar público?
El tono de su voz le arrancó una risita.
—Nunca se sabe. Quizá nos tragara la tierra por realizar una actividad tan arriesgada. 

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¿Puede la pasión separarse del amor? Supongo que cada cuál puede escoger sus criterios al respecto. Lo importante es que en una relación ambos miembros busquen lo mismo.

En el capítulo 11 

La mujer sonrió.
—Mi corazón es muy resistente, Ralston. —Él asintió con la cabeza, aceptando su rendición—. Supongo que sabes que una chica de esa clase no conoce en absoluto el mundo en el que nos movemos nosotros.
—¿Qué quieres decir? —No pudo resistirse a preguntar.
—Que te pedirá amor, Ralston. Las jóvenes como ella siempre lo hacen.
—No me interesan los cuentos de hadas de esa chica, Nastasia. No significa nada para mí, solo va a ser la madrina de mi hermana.
—Quizá —dijo Nastasia pensativamente—. Pero ¿qué significas tú para ella? 

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Amor y odio. Llanto y carcajada. Llena de contradicciones es la locura del deseo. Y para Callie no será menos, tal y como podréis ver en el siguiente fragmento:

En el capítulo 12

—¡Cómo se atreve a llamarme cobarde!
Callie se paseó de un lado para otro de la habitación, lívida de furia ante los acontecimientos de la noche. Hacía una hora que había regresado a casa, pero no había dejado de moverse el tiempo suficiente para que Anne pudiese ayudarla a desvestirse.
Por esa razón, la doncella se había sentado en los pies de la cama y observaba cómo su ama se paseaba.
—No me lo imagino —dijo Anne con sequedad—, en particular si consideramos que intentaste abofetearle en un lugar público.
Callie no notó la ironía de la mujer y, fijándose solo en las palabras, agitó las manos en el aire llena de frustración.
—Exactamente —convino—. ¡Esa no es una actitud cobarde!
—Tampoco es propia de una dama.
—Sí, bueno, pero eso no viene al caso —replicó Callie—. ¡El caso es que Gabriel St. John, marqués de Ralston, se ha enfrentado a mí en un lugar público cuando se dirigía a reunirse con su amante y, además, se las ha arreglado para insultarme! —Golpeó el suelo con el pie—. ¡Se ha atrevido a llamarme cobarde!
Anne no pudo contener una sonrisa.
—En honor a la verdad, me parece que le has provocado.
Callie se detuvo en seco y miró a la doncella, llena de incredulidad.
—Para estar tan preocupada, hace solo unos días, porque pudiera arruinar mi reputación al acudir a una taberna, parece que te has puesto de parte de Ralston con mucha rapidez. ¡Se supone que tienes que defenderme a mí!
—Y lo haré por los siglos de los siglos, Callie. Pero ibas en busca de aventuras y tienes que admitir que Ralston parece haberte dado justo lo que querías.
—¡Te aseguro que no estaba buscando que me insultaran y besaran en público!
Anne arqueó una ceja con incredulidad.
—¿Quieres decir que no lo has disfrutado?
—¡No!
—¿Nada de nada?
—Ni un poquito.
—Mmm-mmm —fue la incrédula respuesta de la doncella.
—¡No he disfrutado!
—Eso es lo que has dicho. —Anne se puso en pie y le indicó a Callie que se volviera hacia el tocador para desabrocharle la larga hilera de botones que cerraba el vestido en la espalda.
Callie permaneció quieta y callada durante un buen rato.
—Está bien, puede que me gustara un poco —confesó finalmente.
—Ah, claro, solo un poco.
Callie suspiró y se volvió, a pesar de que Anne todavía no había terminado de desabrochar el vestido. La doncella volvió a sentarse en la cama, y Callie, a pasearse de un lado para otro.
—De acuerdo. Más que un poco. Lo he disfrutado inmensamente, igual que todas las demás veces que me ha besado. —Percibió la mirada de sorpresa de Anne y se vio obligada a decir—: Sí, me ha besado en más ocasiones. ¿Por qué no iba a disfrutarlo? Se nota que ese hombre tiene mucha experiencia besando.
Anne se aclaró la voz.
—Es evidente.
Callie giró la cabeza para mirar a la doncella.
—¡Te lo aseguro! Anne, seguro que jamás te han besado así.
—Tendré que creerte.
Callie asintió con la cabeza, seriamente.
—En efecto. Ralston es todo lo que puedas imaginar que puede ser un hombre… Primero regala palabras tentadoras y miradas pícaras, luego te rodea con los brazos y… Realmente no puedes comprender cómo has llegado allí, pero…
Se dejó llevar por los recuerdos, mirando al techo mientras se sujetaba el vestido contra el pecho. Anne se puso en pie, con intención de terminar de desabrocharle la prenda, pero antes de que llegara hasta ella, la mirada de Callie pasó de soñadora a irritada, y comenzó a pasearse de nuevo.
—Y entonces el muy… el muy… se aparta y te mira de esa manera relamida y presumida, como el absoluto canalla que es, y cuando intentas defenderte…
—¿Golpeándole?
—… y cuando intentas defenderte… —repitió Callie—. ¿Qué hace entonces?
—¿Te llama cobarde? —preguntó Anne, retóricamente.
—¡Te llama cobarde! ¡Es un hombre completamente exasperante!
—Eso parece —dijo Anne, acercándose a la espalda de Callie para continuar desabrochándole los botones.
Esa vez Callie se lo permitió, quedándose inmóvil mientras le soltaba el vestido y salía de él. Anne comenzó entonces a ocuparse de los cordones del corsé, y ella suspiró cuando la apretada prenda se aflojó. Parte de la cólera se evaporó cuando se liberó de los rígidos confines de las ballenas.
Ya con el camisón puesto, se rodeó con los brazos y respiró hondo. Anne la guió para que se sentara ante el tocador y comenzó a peinarle el espeso pelo castaño. La sensación era gloriosa, y suspiró, cerrando los ojos.
—Por supuesto, he disfrutado del beso —masculló al cabo de un rato.
—Eso parece —repitió Anne, dándolo por hecho.
—Desearía no hacer siempre el tonto cuando Ralston está cerca.
—Siempre has hecho el tonto cuando él está cerca.
—Sí, pero ahora estoy mucho más cerca. Es diferente.
—¿Por qué?
—Porque antes me limitaba a soñar con él. Ahora estoy con él. Hablo de verdad con él. Estoy descubriendo al Ralston auténtico. No es ya una criatura que yo me inventé. Es de carne y hueso y… Y ahora no puedo evitar preguntarme… —Se quedó callada, renuente a decir lo que pensaba. «¿Y si fuera mío?»
No tuvo que decir las palabras, Anne las intuyó. Cuando Callie abrió los ojos y sostuvo la mirada de Anne en el espejo, vio en ellos la respuesta de la mujer. «Ralston no es para ti, Callie.»
—Lo sé, Anne —susurró Callie, más para recordárselo a sí misma que para responder a la criada.
Pero, desde luego, no lo sabía. Ya no sabía nada. Hacía solo unas semanas, se habría reído ante la idea de que Gabriel St. John conociera incluso su nombre, por no hablar de que estuviera dispuesto a cruzar unas palabras con ella. Y ahora… Ahora la besaba en carruajes oscuros o en pasillos todavía más oscuros… Y hacía que se preguntara por qué había sido tan tonta con él desde el principio.
Estaba segura de que esa noche él se dirigía al camerino de la cantante, y no cabía duda de que ella no era competencia para aquella belleza griega. Ralston no podía sentirse atraído por ella.
Se obligó a estudiarse en el espejo, catalogando sus defectos: pelo castaño, común y poco interesante; ojos marrones, demasiado grandes; cara redonda, diferente a las de las más bellas de la sociedad, que tenían forma de corazón; boca demasiado ancha, con los labios no tan arqueados como debería. Mientras enumeraba cada uno de esos rasgos, pensó en todas las mujeres con las que se había relacionado a Ralston, en todas esas Helenas de Troya con rasgos que paralizaban a los hombres.
Él la había dejado y se había ido con su amante que, con toda seguridad, lo habría recibido con los brazos abiertos. ¿Qué mujer en sus cabales no lo haría?
Y ella había regresado a casa, a su cama fría y vacía… para soñar con lo imposible.
Se le llenaron los ojos de lágrimas e intentó secárselas antes de que Anne las viera, pero comenzaron a deslizársele por las mejillas con tanta rapidez que le resultó imposible disimular la tristeza. Sorbió por la nariz, llamando la atención de la doncella que, al verlo, dejó de peinarla y se agachó ante ella.
Callie permitió que la anciana la rodeara con los brazos y, apoyando la cabeza en su hombro, dejó de contener las lágrimas. Sollozó contra la áspera lana del vestido de la criada, dejando que aflorara la tristeza que llevaba años consumiéndola. Lloró por toda una década de temporadas —cada año más solterona que el anterior—, viendo cómo se casaban todas sus amigas, cómo se comprometía Mariana… Por toda la tristeza que había ocultado, negándose a que su sombrío pesar oscureciera la felicidad de los demás.
Pero ahora Ralston estaba haciendo estragos en sus sentidos y le recordaba todo lo que había querido y nunca tendría. Ahora ya no se podía contener.
Siguió llorando durante un buen rato mientras Anne murmuraba de manera tranquilizadora sin dejar de acariciarle la espalda. Cuando ya no le quedó energía para seguir haciéndolo, Callie se enderezó, se apartó de la doncella y le ofreció una acuosa sonrisa de agradecimiento.
—No sé qué me pasa.
—¡Oh, mi niña! —exclamó Anne, en el mismo tono que usaba cuando Callie era pequeña y se lamentaba de alguna injusticia—. Tu príncipe azul llegará algún día.
Callie curvó levemente los labios con ironía. Anne había dicho esas mismas palabras incontables veces en las últimas dos décadas.
—Perdona, Anne, pero ya no estoy segura de ello.
—Oh, lo hará —afirmó Anne con seguridad—. Y cuando menos te lo esperes.
—Creo que ya me he cansado de esperar. —Callie se rió sin humor—. Probablemente esa sea la razón por la que me he fijado en el caballero oscuro.
Anne le ahuecó la mejilla con la mano.
—Creo que sería mejor que te dedicaras a tachar puntos de esa ridícula lista tuya —dijo con una sonrisa—, en vez de andar en compañía de Ralston. Si fuera tú, me olvidaría de él.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —aseguró Callie. Había algo que la impulsaba hacia ese hombre sin importar lo mucho que la enfureciera. Al contrario, su arrogancia solo servía para hacerlo más atractivo. Suspiró—. Quizá tengas razón. Debería olvidarme de Ralston y volver a centrarme en mi lista. —Cogió el papel del tocador, donde lo había dejado antes—. Por supuesto, ya he realizado las tareas más simples.
Anne emitió un gruñido de incredulidad.
—Por supuesto, porque ir a una taberna a beber whisky es una tarea de lo más simple —dijo secamente—. ¿Qué te queda?
—Montar a horcajadas, practicar esgrima, asistir a un duelo, disparar una pistola y jugar a las cartas en un club de caballeros —enumeró, omitiendo el resto de los artículos, los que le avergonzaba compartir incluso con su confidente más cercana.
—Hmm, es todo un reto.
—En efecto —señaló Callie con aire pensativo, mordisqueándose el labio inferior mientras releía la lista.
—Sin embargo, una cosa es segura —continuó Anne.
—¿Cuál?
—No importa lo que hagas después, nadie te llamará cobarde por hacerlas.
Callie buscó la mirada de Anne y, tras un sorprendente silencio, las dos estallaron en carcajadas.


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Llegamos al último fragmento, y en esta ocasión os traigo una escena que ocurre en las personas constantemente. Por no atrevernos a hablar, por miedo a lo que nos digan o piensan los demás, se acaban creando los peores malentendidos. Por eso es tan importante la comunicación:

En el capítulo 21

«Pídeme que baile contigo.» Sabía que era una idea terrible, que no debía bailar con él después de haber rechazado su propuesta de matrimonio y decidido que debía permanecer alejada de él. Sabía que lo último que debería permitir era que Ralston la dejara devastada esa noche. «Pídeme que baile contigo mi primer vals con este vestido.» Silenció aquella vocecita, y resolvió en ese mismo momento que debía detener aquellas fantasías tan estúpidas. Bailar con Ralston era, definitivamente, una pésima idea.
—Lady Calpurnia, ¿quiere bailar conmigo?
Al principio, Callie se quedó realmente confundida por las palabras, aquellas que había deseado que Ralston dijera, pero que en lugar de haberlas pronunciado él, provenían de una dirección distinta… Concretamente, le habían llegado por encima de su hombro derecho. Parpadeó, despistada, sin notar apenas la expresión atronadora de Ralston antes de entender lo que sucedía y volverse para mirar al barón de Oxford.
«¡No!» Contuvo el deseo de golpear el suelo con el pie.
No podía negarse; hacerlo no solo sería el colmo de la descortesía, sino que además Callie no se encontraba en posición de rechazar ninguna oferta para bailar. Los pensamientos atravesaban su mente a toda velocidad. Miró brevemente a Ralston, preguntándose por qué él no reclamaba el baile para sí mismo. Desde luego, ella no negaría que había sido el primero en pedírselo.
Pero él no dijo nada y se limitó a mirarla de una manera fría e ilegible.
—Me encantará bailar con usted, milord —respondió, volviéndose hacia él—. Gracias.
Él barón le tendió la mano y ella puso la suya encima.
Cuando sus manos se tocaron, Oxford le dirigió una amplia sonrisa que no se reflejó en sus ojos.
—Excelente.
Ralston observó cómo el dandi guiaba a Callie hacia la pista mientras unas oleadas de furia lo atravesaban al ver que eran los brazos de otro hombre los que la rodeaban… que era otro el que la tocaba. Solo años de contención impidieron que entrara como un vendaval en la pista y la arrancara de las garras de aquel cazadotes.

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Y hasta aquí mis fragmentos de hoy, que espero que os  hayan gustado y os hayan hecho pensar mucho.

como siempre, ¡espero vuestros comentarios!

Un beso a todos!

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domingo, 21 de octubre de 2012

Fragmentos de "Volverán a por mí" de Josan Hatero y Use Lahoz



Holaa!
Hoy os traigo los fragmentos que más me han gustado del último libro que os reseñé.Aunque el libro no ha sido mi favorito, hay algunos reflexiones de los personajes que dan que pensar, ¡Espero que os gusten!


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El primer fragmento es un pensamiento sobre algo en lo que muchos se pueden sentir identificados. Lo que para alguien es muy importante, para el otro no significa nada. Creo que es ese desequilibrio lo que lleva a cualquier problema en una pareja:

En el capítulo 4 Greco

"Pero Laura nunca estuvo enamorada de mí, sino de Jay. Me utilizó para quitárselo de la cabeza: fui un juguete, el perro fiel que le vino bien mientras él pasaba de ella y se liaba con otras; todo el mundo lo sabía menos yo. Luego, tan pronto le pidió volver, me dejó sin reparos. Lo que para ella era un juego, un pasatiempo, para mí fue mi primer amor."
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A continuación un monólogo interior de Iris en el que su pensamiento pasa de una forma muy fluida por varios temas: el crecimiento y la evolución, la imperfección, las semejanzas tanto físicas como de carácter... Todo esto filtrado por la visión de una joven y de sus propias experiencias:

En el capítulo 5 Iris

"El mejor momento del día es el despertar, esos cuatro o cinco segundos antes de reconocer dónde estás. Luego todo se te viene encima como en una pesadilla; solo que es una pesadilla muy real: no estoy soñando, estoy en la Academia Fénix, el lugar que ha conseguido "enderezar" a generaciones de hombres y mujeres que hoy son destacados miembros de la sociedad... O eso repite la directora, miss Fury, con su voz atronadora, una voz que parece tener cientos de años a cuestas. ¿Y qué pasa si yo no quiero que me ·
"enderecen"? Sé que no soy perfecta pero, ¿no son las imperfecciones lo que nos distingue de los demás, lo que nos diferencia a unos de otros? Si no, todos seríamos iguales, como cromos repetidos, un ejército de clones grises. Y claro que he cometido errores, como lo de quemarle la moto al memo de Jonas, pero ¿cómo voy a crecer sin cometer errores? Recuerdo las clases de biología en el instituto: la vida tal y como la conocemos es fruto de miles de años de evolución. Y, al fin y al cabo, yo apenas acabo de cumplir los dieciséis. ¿Se supone que Ivette es más madura porque nació siete minutos antes? Si realmente fuera más madura podría haberse puesto en mi lugar por una vez y haber intercedido por mí ante nuestros padres. Pero no. Recuerdo la expresión de satisfacción de su cara cuando me dijeron que me iban a traer aquí y que, mientras ellos tres estarían de crucero por el Mediterráneo, poniéndose morenos bajo el sol de las islas griegas, yo estaría encerrada y aislada del mundo como si fuera una peligrosa terrorista. Ivette y yo, tan idénticas en apariencia que puedo saber cómo me va a quedar un vestido si ella lo lleva puesto, pero tan diferentes en todo lo demás."

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 ¿Es el olvido un mito utópico? El recuerdo y el olvido determinados por el paso del tiempo son motivo de reflexión para Greco en el siguiente fragmento:

En el capítulo La chica que escribía cartas a Brian Molko. 

"Poco a poco noté como la imagen de Laura acudía con menor frecuencia a mis pensamientos. Empecé a ser consciente de que se alejaba de mi vida. Uno se olvida de las cosas sin darse cuenta. De pronto un día descubres que el dolor de acordarte de alguien ya no duele, que flota en el aire que respiras, sí, pero que ya no duele de la misma manera. No sé, como si la vida fuera un inmenso puzle desordenado y los días del calendario, el paso del tiempo, fueran los encargados de ir encajando las piezas en sus debidos huecos. Lo cierto es que el recuerdo de Laura dejaba de doler paulatinamente. No temía la llegada de su recuerdo, aunque, para ser sincero, a menudo aún me preguntaba si sería capaz de olvidarme de ella para siempre. ¿Por qué seguía empeñado en eliminarla, en arrancarla de mi vida? ¡Tonto de mí! Tardé en darme cuenta de que en la vida no se puede borrar a nadie ni a nada del pasado. antes de entrar en la Fénix había borrado su número de móvil, pero daba igual, porque me lo sabía de memoria. Así sucede con tantas cosas."

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Finalmente, un breve pensamiento de la protagonista que nos puede dar a todos que pensar. Esta vez el tema son los prejuicios, y el como nos podemos guiar por la forma eliminando la posibilidad de conocer el fondo.

En el capítulo El camarero con un rayo en el rostro 

"Y lo mismo me pasa con Guiletta. Si ella y yo fuéramos al mismo instituto, probablemente nunca hubiéramos cruzado una palabra. Simplemente por dar por hecho que al vestir de forma diferente significa que somos diferentes. Es una pena cómo a menudo, por no ser más abiertos, podemos perdernos la oportunidad de conocer a gente más parecida a nosotros que nuestra propia familia." 

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Y hasta aquí mis fragmentos de hoy. ¿Os han gustado? ¡Espero vuestros comentarios!

Un beso!

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Escribir no es más 
que jugar con las palabras.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Fragmentos de "Un cielo tras otro" de Francesc Miralles (Saga ØBLIVIØN 1)


Holaa!

Hoy os traigo varios fragmentos que me han llamado bastante la atención del último libro que os reseñé, Un cielo tras otro. ¡Vamos allá!


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Este primer fragmento me gusta porque es el que abre la novela y, como veréis, es tan extraño como enigmático. Creo que empezar con algo así ayuda a crear intriga y a que el lector prosiga, una muy buena técnica empleada por Miralles :

En el capítulo Montaña roja

"Todo empezó con un astronauta que perseguía a un ángel."
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El siguiente fragmento es una reflexión muy impactante sobre el inicio y el final de la vida, y sus inquietantes similitudes:

En el capítulo ¿Me oyes?

"-¿Puede quitarle la máscara un rato para que tome la compota?
-Por supuesto.
Cuando el paciente fue liberado de aquella especie de escafandra, pareció recuperar el color de la cara. Aún así, no estaba de ánimos para hablar.
-Quieres que te la dé yo? -le pregunté-. Parece que en este ala no se ocupan mucho de ti.
Tio Zeus asintió.
Destapé la tarrina y le di una primera cucharada de compota, que fue aceptada obedientemente. Luego seguí metiéndole cucharaditas en la boca mientras sentía que algo se desgarraba en mi interior. 
Yo sabía lo que era. 
Acababa de recordar cómo tío Zeus me alimentaba de bebé, cuando mi padre estaba fuera. En las fotos aparecía empujando la cuchara con cuidado, como yo ahora con él.
Se había cerrado el círculo: la cuna y la tumba se daban la mano."

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Ahora veréis una filosofía de vida en la que el olvido forma parte de la capacidad para sobrevivir. No pensar no soluciona los problemas, pero pensar demasiado en ellos tampoco lo hace. 

En el capítulo La chica que escribía cartas a Brian Molko. 

"-Oye, no hables de él en pasado. No ha muerto. Se está recuperando en la UCI.
-Tú haz como si no tuviera que volver -Me miró muy seria con sus gafas de pasta-. Olvídate de él por ahora. Así, si las cosas salen bien, será como un regalo. Yo no he tenido mucho tiempo para estudiar, pero hay algo que sí he aprendido: solo es feliz quien es capaz de olvidar.
-¿Olvidar...? ¿El qué?
-Todo lo que te hace daño."

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Ahora una frase para aquellas personas que odian las aglomeraciones de gente. Y es que no hace falta una multitud para pasar un buen rato.

En el capítulo El camarero con un rayo en el rostro 

"Uno es compañía, dos son multitud y tres son una fiesta.

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El siguiente fragmento es de los que me gusta, de amor. Esta vez, presenta además ese ambiente extraño y extravagante que envuelve toda la novela:

En el capítulo ¿Cuál es tu sueño?

"-¿Cuál es tu sueño? 
Aquella pregunta a quemarropa me descolocó. Necesité varios segundos para articular algo coherente.
-Eso varía en cada momento. De pequeño soñaba con ser astronauta, luego me conformé con montar un telescopio en la azotea de mi casa, que no es más alta que esto. Pero ahora mismo creo que no tengo ningún sueño.
Sus ojos verdes reflejaron la luna. Mi mano seguía sobre su hombro huesudo cuando ella declaró.
-Eso es imposible. Todo el mundo persigue algún sueño. De lo contrario estarías muerto. 
-Quizás lo estoy... y mi cuerpo no se ha enterado aún.
Ivonne rio mientras apoyaba la cabeza sobre mi hombro. El suave aroma de su pelo me acabó de emborrachar.
Teniendo en cuenta que hacía apenas una hora que nos conocíamos, aquella era una confianza equivalente a mi mano en su hombro. Según la lógica del ligue, el siguiente paso era intentar besarla. Si ella aceptaba, en aquella azotea de chapa podía pasar cualquier cosa.
Sin embargo, algo me decía que era mejor que no sucediese nada.
-¿Y llegaste a montar ese telescopio? -preguntó Ivonne con aparente ingenuidad.
-¡Qué va! Tal vez por eso he dejado de soñar despierto, porque soy incapaz de cumplir mis deseos. ¿Y tú? ¿Cuál es tu sueño?
-Si te lo digo te vas a reír de mí.
-No más de lo que me he reído cuando te arrastrabas por la pista como una lagartija. -Noté un suave codazo en mis costillas-. Eres una chica peculiar, ¿lo sabes? Empezando por el nombre.
-Eso es porque no conoces a padres que bailaban Radio Futura. A mí me pusieron el nombre de una canción.
-El mío tampoco es tan original como parece. Sasha viene a ser Álex en ruso. Se le ocurrió a mi padre en una época que era comunista.
-¿Y ya no lo es?
-Ahora tiene una ferretería.
Enseguida me di cuenta de la estupidez que acababa de soltar. Para recuperar el terreno perdido, me atreví a rozar su media melena con lo dedos mientras le preguntaba:
-No me has dicho aún cúal es tu sueño.
Ivonne se puso de pie, en un movimiento que interpreté como una manera elegante de zafarse de mí. Con la mirada perdida en el firmamento, confesó:
-Te parecerá estúpido, pero mi sueño es ser abducida por un OVNI, viajar a la velocidad de los neutrinos y enrollarme con un extraterrestre.
Me incorporé para escuchar los detalles de aquella ida de olla. De pie, frente a frente, me di cuenta de que Ivonne era más alta de lo que parecía cuando bailaba en la pista. 
-Entonces debes de soñar con un extraterrestre atractivo -dije-, como el camarero ese del rayo, no con un bicharraco de Mars Attacks.
-Ni una cosa ni la otra. De hecho, mi imagen de un extraterrestre es alguien perfectamente humano, como tú.
Sentí que me faltaba el aliento. Una repentina ventolera había desordenado su flequillo, convirtiéndola para mí en la criatura más adorable del Universo conocido. 
-Toda la vida me he preguntado si las personas diferentes -siguió-, aquellas verdaderamente especiales, no serán extraterrestres y sólo creen ser humanas. Yo misma no estoy segura de pertenecer a este mundo. Puesto que no recuerdo mi nacimiento, podría haber llegado hasta aquí de cualquier otro modo, ¿no crees?

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¿Qué pasa con los opuestos que se atraen? ¿Son viables? Cristian, el protagonista de Retrum, aprovecha su cameo  en lo nuevo de Miralles para ofrecer una reflexión al respecto:

En el capítulo Hasta que la noche termine

"Siento mucho que las cosas entre ellos dos no hayan funcionado. Son tan diferentes... Robert es un siniestro auténtico, un alma lánguida que saborea la belleza del invierno y la melancolía. Birdy es una freaky ruidosa que le gusta provocar por allí donde va. Esa diferencia es la que les atrajo al principio. Pero cuando se juntan dos personas muy distintas, lo mismo que ha desatado la atracción luego provoca el rechazo. Aquella particularidad adorable pasa a convertirse en un coñazo.

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Ahora os dejo con una pequeña historia que se cuenta en la novela y que puede inspirar una serie importante de reflexiones:

En el capítulo Estás aquí

"Un ciego se despedía de su amigo, el cual le dio una lámpara.
El ciego dijo:
-Yo no preciso de una lámpara, pues para mí no hay diferencia entre claridad o obscuridad.
-Cierto es -le explicó su amigo-, pero si no la llevas tal vez otras personas tropiecen contigo.
-De acuerdo -aceptó el ciego.
Tras caminar un buen rato en la oscuridad, el ciego tropezó con alguien.
-¡Uy! -gritó el ciego.
-¡Ay! -gritó el otro.
-¿Es que no has visto la lámpara? -dijo enojado el ciego.
-¡Amigo! Tu lámpara está apagada -respondió el otro."

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Vivir sin preocupaciones, disfrutando el día a día. Esto es lo que muchos anhelamos, incluído el protagonista de este libro.

En el capítulo El estanque de las tortugas

"En la planta baja, que era de un lujo asombroso para una comunidad religiosa, vi enmarcada una de las máximas de Buda:


 Es mejor viajar bien que llegar.

Mientras cruzaba un camino empedrado entre las antiguas caballerizas del palacio, me dije que mi vida no iba a ninguna parte desde hacía un mes, y ciertamente tampoco estaba disfrutando del viaje.
Me habría gustado ser como los monjes que faenaban por el recinto. Se conformaban con "estar allí", lo cual no era poco teniendo en cuenta la cantidad de gente que ya se ha ido. 
¿Por qué no podía aprender yo a "viajar bien", momento a momento?"

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Ahora una gran frase célebre. Esta no es creación de Miralles , pero en un momento dado el autor se refiere a ella, y como siempre me ha gustado os la he querido poner:


En el capítulo Once horas y media

"Dicen que cuando el destino quiere que hagas algo, todo se confabula a tu favor para que lo consigas."

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Por último, os dejo con un pequeño fragmento que representa el tema central del libro. Una declaración de amor basada en la teoria platónica explicada en Fedro, la leyenda de nuestro origen como ángeles caídos:

En el capítulo Llegar a amarte

"A mí no me interesan los soldados invencibles, pero creo en este cielo que describe Platón más allá del nuestro. Un cielo tras otro. Ya que no me es permitido amarte en este mundo miserable, siempre te amaré en el cielo donde vive el amor puro. Allí donde fuimos ángeles aunque a veces lo olvidemos."

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¡Y hasta aquí los fragmentos de hoy!

Espero que os hayan gustado, y como siempre espero vuestros comentarios y reflexiones al respecto ;)

Un besoo!


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Escribir no es más 
que jugar con las palabras.
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